Los nuevos tratamientos para la obesidad, como los agonistas del receptor GLP-1, han supuesto un cambio muy importante. Ayudan a reducir el apetito, aumentan la sensación de saciedad y pueden facilitar una pérdida de peso significativa.
Pero hay una idea clave que conviene recordar: no se trata solo de perder kilos, sino de perderlos bien.
Cuando una persona baja de peso, no siempre pierde únicamente grasa. En algunos casos, una parte del peso perdido puede corresponder también a masa muscular u otros tejidos importantes para el funcionamiento del organismo. Por eso, durante un tratamiento para la obesidad, el ejercicio físico no debe verse como algo secundario, sino como una parte fundamental del proceso.
¿Por qué es importante conservar el músculo?
El músculo no sirve solo para movernos o tener fuerza. También participa en muchas funciones esenciales:
- Ayuda a regular la glucosa en sangre.
- Mejora la sensibilidad a la insulina.
- Contribuye al gasto energético diario.
- Protege la salud ósea.
- Favorece la autonomía y la movilidad.
- Ayuda a mantener una mejor calidad de vida a largo plazo.
Por eso, si durante una pérdida de peso se pierde demasiada masa muscular, la báscula puede mejorar, pero el resultado no siempre será el más saludable.
¿Qué aporta el ejercicio durante el tratamiento?
El ejercicio ayuda a que la pérdida de peso sea de mejor calidad. Es decir, favorece que se pierda más grasa y se preserve mejor la masa muscular.
Además, mejora aspectos que van más allá del peso:
- La capacidad cardiorrespiratoria.
- La fuerza.
- El control de la glucosa.
- La salud ósea.
- La energía diaria.
- La funcionalidad física.
En un ensayo clínico con 195 participantes, la pérdida media de peso fue de aproximadamente 4,1 kg con ejercicio, 6,8 kg con análogo de GLP-1 y 9,5 kg cuando se combinaron ejercicio y tratamiento farmacológico. Además, la combinación se asoció a mejoras adicionales en parámetros metabólicos y funcionales.
Esto nos deja un mensaje claro: el fármaco ayuda, pero el ejercicio potencia y completa el tratamiento.
¿Qué tipo de ejercicio es más recomendable?
Lo ideal es combinar ejercicio aeróbico y ejercicio de fuerza.
El ejercicio aeróbico incluye actividades como caminar rápido, bicicleta, nadar o bailar. Ayuda a mejorar la salud cardiovascular, la resistencia y el gasto energético.
El ejercicio de fuerza es especialmente importante para proteger el músculo. Puede hacerse con máquinas, pesas, bandas elásticas o incluso con el propio peso corporal.
De forma general, se recomienda realizar ejercicio de fuerza al menos 2 días por semana, trabajando los principales grupos musculares, con ejercicios adaptados a la edad, condición física y posibles enfermedades de cada persona.
No se trata de entrenar como un deportista. Se trata de moverse mejor, ganar seguridad y proteger la salud.
¿Y si nunca he hecho ejercicio?
No pasa nada. El punto de partida puede ser muy sencillo.
Caminar más, levantarse con más frecuencia de la silla, subir escaleras, hacer ejercicios suaves de fuerza o comenzar con sesiones supervisadas puede ser suficiente para empezar.
Lo más importante es que el ejercicio sea:
- Progresivo.
- Realista.
- Adaptado a cada persona.
- Sostenible en el tiempo.
- Supervisado cuando sea necesario.
En pacientes con obesidad, diabetes, problemas articulares, enfermedad cardiovascular o edad avanzada, puede ser especialmente útil contar con orientación profesional.
En resumen
Los tratamientos con agonistas GLP-1 pueden ser una herramienta muy eficaz para tratar la obesidad, pero su mejor resultado se alcanza cuando forman parte de un abordaje integral.
La alimentación, el ejercicio físico, el seguimiento médico y el acompañamiento profesional son claves para conseguir una pérdida de peso más segura, saludable y mantenida.
Porque el objetivo no es solo pesar menos.
El objetivo es vivir mejor, con más salud, más fuerza y más capacidad funcional a largo plazo.
Referencia: DOI: 10.1001/jama.2026.5537